Cerebro y perdón


"Más que perdonar se trata de sanar la imaginaria herida, que el imaginario agravio abrió en el herido ego del aparente yo" Aldous Huxley Cuando alguien nos hace algo que consideramos injusto, fuera de lugar, un acto de traición o deslealtad, que no esperamos, la mayoría de las personas se sienten heridas y experimentan rabia, rencor, resentimiento, ira u odio que suelen acompañarse con deseos de venganza.


Son emociones primarias que surgen de manera automática y que, filogenéticamente, tiene lugar como mecanismo de autodefensa y autoprotección. El perdón supone un cambio en el estado mental de una persona que decide cambiar esas emociones a través de la reformulación cognitiva del acto. No perdonamos para que la otra persona se sienta bien, buscando reconciliación u olvidar lo sucedido, sino para liberar una carga mental (porque el acto en sí no está más), liberando el pasado, lo que se traduce en bienestar mental, permitiéndonos seguir nuestro camino y avanzar de una manera más íntegra y equilibrada.

Estudios del cerebro señalan que hay personas más proclives a perdonar que otras y, según las investigaciones, se relaciona con la cantidad de materia gris alojada en el surco temporal superior. Así, quienes evidencian un surco temporal superior más desarrollado, no solo muestran conductas más indulgentes, sino tienen mayores habilidades para conectar con las realidades emocionales ajenas. Las áreas en la corteza prefrontal dorsolateral, también se encuentran asociadas con la regulación emocional, procesos de empatía, compasión, control de la ira y el rencor, al estar relacionadas con los procesos de atención y memoria selectiva implicados en la reevaluación de las situaciones.


Para perdonar debemos tener la capacidad de ponernos en el lugar del otro (entendiendo que el otro es lo que es o lo que puede ser), habilidad que involucra la corteza prefrontal medial, la unión temporoparietal y las áreas de la corteza parietal. Son procesos superiores que permiten trascender los eventos ocurridos (tener diferente perspectiva a través de la comprensión de las intenciones y emociones) disminuyendo la afectación de la autoimagen y valoración personal. Finalmente, cuando valoramos si perdonar o no, se activa la corteza prefrontal ventromedial, orbitofrontal media y la corteza cingulada (Fourier et al., 2020).


Como toda actividad mental puede entrenarse y desarrollarse a fin de que los eventos de la vida impacten lo menos posible en la salud mental de la persona, pudiendo verse libre de angustia, ansiedad, tristeza y estrés; y mejorando la autoaceptación y las competencias para hacer frente a los desafíos. El psicólogo Carl Jung dijo que "lo que aceptamos nos transforma" y el perdón pasa por la aceptación de lo ocurrido, libre de juicios que, aunque en ocasiones resulte difícil y pueda llevar un tiempo llegar a este punto, siempre va a traer una ganancia de crecimiento y fortaleza frente al aparente agravio.

En una próxima edición abordaremos otro aspecto importante que es el de perdonarnos a nosotros mismos al suponer que otras personas tienen la capacidad para hacernos daño.

Entradas Recientes

Ver todo